IX - El jardín
Un poco más abajo del abismo hallaron otra puerta. Esta se
parecía a la de su casa. Melany dudó en abrirla, pero al final se animó.
Entraron a un jardín pequeño lleno de plantas con flores, enredaderas y
orquídeas. En una silla mecedora una anciana con la cara arrugadísima y el pelo
blanco, largo y trenzado, tejía cantando bajito. Nube fue corriendo a
saludarla. Esta se alegró mucho al verlos. Acarició a Nube, le tendió la mano a
Melany y le preguntó si tenía ganas de escuchar una historia. La niña se sentó
a sus pies y, mientras oía cómo la princesa Hiparquía, por innumerables días y
noches, cruzaba sola el desierto, se quedó dormida. Al despertarse, la anciana
seguía ahí, meciéndose, tejiendo y cantando. Melany le contó que iba a seguir
su viaje. La anciana se levantó de su silla, buscó algunas cosas en un mueble de
muchos cajones y se las dio envueltas en un pañuelo. Se dieron un beso y partieron.
Al salir, Melany abrió el regalo. Adentro del pañuelo había un lápiz, una llave
colgada de una cadenita y galletitas de miel. Guardó el lápiz y las galletitas
en la mochila y se colgó el collar alrededor del cuello.



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