X - Un amigo nuevo

Desde donde estaban ya se podía vislumbrar el fondo. Caminaron bastante hasta llegar a la próxima puerta. Esta tenía una ventana, pero estaba cerrada con llave. Adentro se veía una habitación encantadora. Melany probó usar la llave que le había dado la anciana, pero no funcionó. Tocó la puerta varias veces, hasta que por la ventana asomó la cara de un chico pálido, de ojos verdes y mirada triste. ¡Era el mismo de la foto! Melany sonrió y le pidió que le abriera. El chico le respondió, pero no se podían oír. Entonces ella escribió, detrás de la fotografía, una nota que decía: “¿Me dejás entrar? Encontré esto tirado.” La firmó con su nombre y una carita sonriente, y se la pasó por debajo de la puerta. El chico la leyó, volvió a mirar a Melany detenidamente y, dudando, abrió.

Adentro había un hogar encendido, una cama grande, alfombras, juegos de mesa, juguetes, libros, una mesa llena de comida rica, cuadros coloridos en las paredes, un reproductor de música, un televisor gigante, una computadora.

- Hola, me llamo Melany. Y este es mi perro Nube. ¿Vos cómo te llamás?
- Félix – respondió él tímidamente.
- ¿Qué te pasa? ¿Te sentís mal? - le preguntó.
- Me pasa que estoy aburrido de estar siempre en este mismo lugar, y encima solo. – le respondió Félix protestando.
- ¿Y entonces por qué no te vas? Nadie te tiene encerrado.
- La verdad es que no me animo... Cuando miro por la ventana y veo ese gran pozo… ¡andá  a saber a dónde lleva!  ¡Hacia arriba o hacia abajo pueden pasarme cosas terribles! Mirá si me roban, o me pegan, o peor…¡me matan!

Entonces Melany le contó lo que le había pasado en todas las otras habitaciones a donde había entrado y lo invitó a seguir el viaje con ella. Félix se negó y le suplicó que se quedara ahí con él. Pero Melany no quería, tenía ganas de seguir explorando, de llegar al fondo del pozo y ver qué encontraba. Entonces, se le ocurrió una idea. Puso música y empezó a bailar de manera extraña y ridícula, haciendo morisquetas. Nube saltaba, ladraba, corría. Félix la miró asombrado. Al principio intentó contenerse, pero su sonrisa fue aumentando hasta que  terminó a las carcajadas. Después jugaron juntos a la guerra de almohadas. Y cuando ya no daban más, exhaustos y acostados en el piso, Melany lo volvió a invitar. Esta vez Félix aceptó sin dudar y continuaron el viaje juntos.




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