IV - Encuentro con la Bestia

Cuando salía de la habitación, escuchó un ruido extraño que venía de la cocina. Se acercó lentamente. Una bestia negra y grande, apoyada en sus patas delanteras, comía algo de la mesada. Tenía el cuerpo cubierto de plumas. La cabeza era la de un perro boxer y su cuerpo el de un oso.  La bestia los percibió y se dio vuelta. Miró a Melany a los ojos, se acercó y la olió de los pies a la cabeza. Ella se quedó inmóvil, temblando, con los ojos cerrados. Nube, refugiado detrás de sus piernas, temblaba y gruñía. Pero la bestia no hizo nada y siguió caminando hasta donde empezaba la escalera. Ahí, con la boca, abrió una pequeña entrada que había en el suelo y bajó.

Melany dudó entre seguir recorriendo la casa o bajar. La curiosidad y la atracción que le despertaban el animal eran más fuertes que el miedo. Decidió seguirlo. Con una mano se sostenía del pasamano y en la otra llevaba a Nube alzado. Abajo estaba completamente oscuro y no se oía un solo sonido. Estiró un brazo y lo movió en varias direcciones, pero no tocó nada. Sólo sentía el piso y un aire fresco. No había forma de averiguar qué dimensiones ni qué forma tenían ese lugar. Muy a lo lejos vio una entrada con luz diurna. Con Nube en brazos, muy despacio, cuidando cada paso y tanteando, caminó hacia allá.




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