XI - El fondo del abismo
Los tres bajaron hasta donde terminaba la escalera. Al
final del camino había una laguna muy pequeña de color azul oscuro cristalino y, en
el medio de la laguna, una isla de piedra. Arriba de la isla había una mesa.
Lxs chicxs y Nube cruzaron nadando. Sobre la mesa encontraron una ostra de
plata reluciente. Melany intentó abrirla con sus manos, pero no habíaa caso, la ostra no se abría. Fue ahí cuado se acordó que le había robado un cuchillo al científico y con su ayuda, la abrió. Sorprendida, descubrió que se trataba de un espejo.
Se lo acercó a la cara pero, en vez de ver reflejado su rostro vio... ¡el de la
Bestia! Gritó y soltó el espejo, cayéndose al piso y astillándose. Inmediatamente se
largó a llorar, jadeaba y gemía mientras las lágrimas caían una tras otra.
Félix no dijo nada, la abrazó hasta que, de a poco, Melany se calmó. Se quedaron un rato sentandos, uno al lado del otro, en silencio. Para animarla, Félix le propuso comer las
galletitas de miel que llevaba en su mochila y después meterse al agua. A Melany le encantó la idea.
En el agua, en calzones, nadaron, jugaron, hicieron la plancha. Nube los miraba
sentado desde la roca.
Entonces, después de un breve descanso, se
les ocurrió explorar qué había más abajo. Tomaron aire y se sumergieron. El
fondo no se veía, pero, debajo de la isla de piedra, encontraron otra
habitación. Las paredes eran de vidrio y la puerta estaba cerrada. Flotando,
adentro, había una diminuta estrella roja. Melany probó usar la llave que le
había regalado la anciana y esta vez ¡funcionó! Entró, agarró la estrella y volvieron nadado rápido, antes de quedarse sin aire.
Cuando
asomaron a la superficie, la Bestia estaba parada sobre la roca. No tenían otro
lugar a donde ir, las paredes que rodeaban la laguna formaban un acantilado abrupto
y la escalera había desaparecido. Nube también estaba sobre la roca, sentado de
frente a la Bestia. Flotando en el agua, los chicos vieron cómo Nube se levantaba,
se acercaba a la Bestia y la olía. Esta lo miraba permaneciendo inmóvil. Nube le daba vueltas oliéndole las patas y la cola, hasta que le
hizo pis en una de las patas delanteras. Entonces la Bestia inclinó su cabeza, abrió
su boca enorme y se lo tragó entero de un solo bocado.
Apenas
se lo engulló, la Bestia se convirtió en una magnífica y colosal ave dorada. Su
cola era doble y larguísima. Empezó a hacer piruetas en el aire: subió, bajó, dio
vueltas dibujando rulos grandes y pequeños, la cola se movía como cintas. Por
último, aterrizó, emitiendo un estridente graznido, y luego, ronroneando, se
recostó.
Los chicos subieron a la isla. Se
acercaron y acariciaron al ave. Esta seguía ronroneando. Con movimientos del
pico y las alas les indicó que subieran a su lomo. Entonces, todos juntos, salieron
volando del abismo.
Volaron por arriba de la selva, del mar, del desierto, hasta que llegaron a la ciudad. Aterrizaron en la terraza del edificio donde vivía la familia de Félix. Cuando se bajaron del ave, esta volvió a convertirse en Sueño. Él corrió contento hacia Melany y ella lo abrazó fuerte. De la Bestia no quedaban rastros.


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